Marzo de 2020. La fecha que nos cambió a todos.

Yo llevaba varios años compaginando diferentes trabajos, pluriempleada con contratos de media jornada o como freelance. Aunque mi vida iba cada vez mejor, sobre todo a nivel emocional, sentía que no llegaba a todo. Atender mi casa, prestar atención a mi salud, no dejar de tener vida social ni familiar… No me daban las horas del día. Estaba agotada y, aunque me sometí a varios análisis médicos, todos los resultados parecían correctos. A primera vista no me pasaba nada, pero yo sentía un cansancio tan grande que los mareos y los ataques de llanto comenzaron a formar parte de mi vida cotidiana. Y me asustaba pensar que podía estar enferma, que aunque no me hubieran detectado nada extraño, algo iba mal en mí.

Algo iba mal, efectivamente, pero no en mí, sino en lo que la sociedad me exigía ser o aparentar. Tenía tan interiorizado que tenía que responder a unas expectativas irreales que gastaba toda mi energía sin cuidar de mí misma.

Pero los dos meses de confinamiento que vivimos en España en el 2020 acabaron con eso. Mientras la pandemia comenzaba a sacudirnos me di cuenta de que tenía más poder sobre mi tiempo, mis prioridades y mi descanso del que yo pensaba, ¡solamente tenía que aprender a vivir con más calma!

Este blog nace como un espacio para compartir mi camino hacia una vida más lenta, hacia el slow life, mientras sigo aprendiendo. Con un poco de suerte, mi experiencia le servirá de inspiración a alguien que esté recorriendo esta misma ruta. ¿Eres tú?