Tenemos demasiado en el plato. Esto es casi indiscutible. Estamos en una era en la que la tecnología debería facilitarnos la vida y permitirnos tener más tiempo libre.

Sin embargo, tenemos a los niños saturados con clases particulares, a los adolescentes y universitarios sufriendo para cumplir con los trabajos de clase y los exámenes, a los trabajadores intentando compaginar su vida laboral y personal y a las personas mayores pagando con problemas de salud todo el estrés que han vivido en el pasado. ¡No podemos seguir así!

En los últimos dos años he trabajado en mi forma de afrontar el día a día para tratar de hacerme la vida más fácil sin tener que complicársela a otra persona en el proceso. Por eso hoy quiero compartir las herramientas y consejos que, en este plazo de tiempo, me han servido para hacer mi vida más sencilla y llevadera. Quizá no sean los que te sirven a ti, quizá ya no me sirvan dentro de unos años, pero espero que al menos te inspiren a buscar tus propios métodos:

  • Tener una hora tope: Así es como llamo yo a la hora a partir de la cual no quiero hacer nada que suponga una responsabilidad. Por mi rutina diaria, inteto que sean las ocho de la tarde aunque soy flexible y puede llegar a las nueve de la noche. Así me aseguro que tengo, cada día, al menos dos horas en la que simplemente voy a cuidarme y a descansar. Ducharme, hacer la cena, leer, hablar con mi pareja o jugar a un videojuego… Sí, unas dos horas, porque me voy a dormir sobre las diez de la noche.
  • Tener una rutina de sueño: Me duermo enseguida, pero no duermo profundamente. Tener un horario más o menos fijo para dormir y para despertarme me ayuda a entender mejor mis niveles de energía durante el día y a asegurarme que descanso todo lo que necesito. O que, al menos, lo intento.
  • Planifico el menú de la semana con antelación… Y con ello, la compra. Así solo tenemos que ir al supermercado una vez en semana (aunque ocasionalmente tengamos que pasar por la tienda al volver a casa), no hay que pensar cada día lo que cocinamos, y nos aseguramos que comemos saludable, equilibrado y variado.

  • Presionar “pausa”: Aprender a detenerme, aunque sienta que no puedo parar porque todavía me quedan cosas por hacer, ha sido clave en mi gestión del tiempo. Esos tiempos de pausa (que pueden ir de diez minutos a una tarde entera, si siento que lo necesito) los dedico a bordar, leer o jugar al Animal Crossing en mi Nintendo Switch. Sí, todo son actividades lejos del despacho y del ordenador desde el que trabajo. Este tiempo, invertido en mi descanso, lo vivo conscientemente y me permite funcionar mejor en cuanto pulso “play” y sigo con mis responsabilidades.
  • Replantearme mis propias normas y preguntarme el porqué de las actividades que hago, cada cierto tiempo, me permite reajustar aquellas tareas y actividades que ya no me sirven tanto y enfocarme en nuevos intereses que se alinean mejor con cómo me siento en cada temporada. Olvídate de lo que “deberías” estar haciendo y haz aquello que sabes que quieres estar haciendo.
  • No tener prisa: La naturaleza tiene sus ritmos, y yo también. Y tú. Olvídate del querer todo ahora, inmediatamente, y vive el presente.