Tras casi dos años de pandemia, con toda la inestabilidad emocional, física y laboral que supone, muchos estamos deseando encontrar el equilibrio en 2022.

Tengo la sensación, por lo que veo en redes sociales, lo que escucho en podcast y las conversaciones que tengo con mis amigas, de que hay una creencia generalizada de que el 2022 será un buen año. No sé si es una estrategia de supervivencia tras casi dos años de inestabilidad provocada por la pandemia de COVID-19 o si, de verdad, hay algo dentro de cada uno de nosotros que ha cambiado y se ha afianzado lo suficiente como para que estemos preparados para esos cambios positivos.

También soy consciente de que la felicidad se encuentra en diferentes lugares y acciones para cada uno de nosotros, pero creo firmemente que, sea lo que sea para ti la felicidad, se compone tanto de acontecimientos extraordinarios (un viaje, los primeros pasos de un hijo, conocer a alguien especial o ver a tu banda favorita en concierto) como de las pequeñas cosas del día a día. Y es de eso de lo que me gustaría hablarte hoy.

Creo que en esos pequeños detalles cotidianos está el verdadero equilibrio que puede llevarnos a la felicidad. Si las necesidades básicas de atención a la salud, una vivienda digna, relaciones personales de calidad y una alimentación variada están cubiertas, por supuesto. Pero como no resulta fácil sentar los pilares de nuestra felicidad y nuestro equilibrio para este 2022, hoy quiero compartir contigo cuatro cuestiones que, para mí, son fundamentales:

Evitar el daño

En muchos de nosotros existe la creencia de que aquello que nos hace daño nos hace más fuertes, que extraeremos un aprendizaje de ello o que en algún momento se dará la vuelta a la tortilla y seremos recompensados. En mi experiencia, después de pasar por entornos laborales que no respetaban mi dignidad como empleada, tras una relación abusiva y después de aprender a convivir con un trastorno de ansiedad, esto no es así. Detectar y reducir aquello que me hace daño o que me perturba es clave para poder sentar cierto equilibrio desde el que trabajar por mi felicidad. A veces esto ha supuesto distanciarme de personas a las que consideraba amigas, cambiar de trabajo o, simplemente, controlar el tiempo que paso viendo los informativos en televisión.

Buscar la belleza

Estamos rodeados de cosas maravillosas, y no me cansaré de decirlo. En 2011 me propuse tomar una foto al día (entonces no estaban tan normalizados los smartphones y no era algo tan habitual) para obligarme a practicar fotografía. Lo que logré, un año después, fue desarrollar una especie de ojo fotográfico: había aprendido a apreciar las pequeñas cosas, la belleza en las texturas y en la luz, incluso de los objetos más cotidianos.

Hacer algo positivo por los demás

Hace unos años celebré mi cumpleaños, y uno de mis invitados no podía permitirse hacerme ningún regalo, así que estuvo varios días prestándole atención extra a su rosal para traerme una flor recién cortada en mi día. Tener pequeños detalles con los demás, que no requieren dinero necesariamente, es una potente herramienta para sentirte bien a la vez que haces que otras personas se sientan igual de bien. Puede ser ofreciéndole un tupper de la comida que acabas de preparar a un familiar, cortando flores de tu jardín y regalándole un ramo a una amiga, o quizá solo un mensaje diciendo «¿Cómo estás? Estaba acordándome de ti». Si alguna vez han hecho algo así, inesperadamente agradable, por ti, seguro que lo tienes grabado en la memoria. Yo sé que sí.

Ser amable

La amabilidad es contagiosa. Sonreír es contagioso, ¡incluso llevando una mascarilla en 2022! No te diré que te obligues a sonreír, porque sé que hay días (o semanas) en los que parece imposible, pero sí que hagas un esfuerzo extra por ser amable y ponerte en los zapatos del otro. Un «gracias» o un «no te preocupes, no tengo prisa» muestra empatía y puede cambiar el día de la otra persona. Y, si te sientes animada, sonríele. Destacarás en un mundo de caras grises y te sentirás mucho mejor. ¡A mí me lleva funcionando años!