Hace tiempo que me encuentro artículos que quieren “descubrirnos” la diferencia entre los supuestos hábitos de las personas de éxito.

Suelen ser del tipo “madruga más”, “lee mucho” o “no te distraigas”, incluso he llegado a leer “no tengas sueños, sino objetivos”. Siempre me han parecido irreales y más propias de una persona que ya tiene a alguien que le haga las tareas domésticas y que no tiene que lidiar con responsabilidades del hogar. Por no hablar de que estas sugerencias van enfocadas a la idea, a mi parecer equivocada, de que tener éxito equivale solamente a ganar mucho dinero.

Para mí el éxito pasa por poder disfrutar cada día de aquello que me importa. Más tiempo para mí y para mi familia, para disfrutar de mi hogar y de mis hobbies. Quizá para otra persona el éxito sea poder ir a surfear todos los días, o tener tiempo para contribuir en obras benéficas, o viajar tanto como desee. O ganar mucho dinero, claro está. Sea lo que sea, creo que toca tener presente qué es lo más importante para nosotros y cómo podemos disfrutarlo más a menudo. Sí, incluso si lo más relevante para ti es tu dinero, ¿de qué te sirve si no puedes disfrutarlo?

He notado que lo que más tiempo me quita de disfrutar lo que más me importa en mi día a día es, además de las largas jornadas laborales, yo misma. La presión que ejerzo sobre mí tratando de alcanzar una supuesta perfección que no existe y que me impide pasar tiempo de calidad con las personas con las que quiero. Cuando he aprendido que de nada sirve tratar de tener la casa perfectamente limpia y arreglada, la compra hecha, un menú estricto para la semana y una rutina de ejercicios que no podía saltarme bajo ningún concepto, he empezado a vivir.

Ahora se nota que en mi casa viven personas (y un perrete), no siempre cocino lo que tenía pensado preparar y he aprendido a fluir con los cambios de planes, tanto en mi vida personal como en el trabajo. Aceptar (que no es lo mismo que conformarme, ¡ojo!) lo que venga, navegar por ello y tratar de buscar el mejor camino posible desde ahí, en vez de tratar de ceñirme una y otra vez al que era mi plan original, me ha permitido descansar mejor y hacer espacio a lo que de verdad es importante para mí.

Pongamos más de lo que nos gusta en cada día. Que no falte lo importante.