Si eres como yo, estarás acostumbrada a hablarte a ti misma como, en realidad, no le hablarías a nadie.

¿Por qué nos cuesta tanto tratarnos a nosotras mismas con amabilidad? A menudo me «escucho» decirme cosas del estilo de «te olvidaste de descongelar la comida de hoy, vaya desastre», «siempre haces lo mismo» o «qué pintas tienes, y qué mal te quedan esos pantalones». ¿Te suena? ¿Tú también eres tu peor enemiga y te juzgas y te criticas como no harías con nadie más?

Hace unos años leí que deberíamos hablarnos como le hablaríamos a nuestra mejor amiga, pero aunque entendí la idea tras este consejo, me costaba aplicarlo. La razón: Es muy fácil tratarnos con amabilidad cuando estamos bien, pero no tanto en nuestros momentos de tristeza, rabia o frustración.

Cuando me di cuenta de que el problema estaba en la falta de práctica, decidí hacer que hablarme con amabilidad fuera un hábito, algo que tuviera que esforzarme en hacer siempre, hasta que no fuera un esfuerzo en absoluto. Ya sabes… «si no vas a decir nada bueno, no lo digas» también se aplica a nuestro monólogo interior. Estas son las medidas que me están funcionando, y que espero que también te sirvan si estás tratando de aprender a hablarte con amabilidad:

  1. Reconoce cuándo te estás machacando y haz el esfuerzo activo de responder a esa voz interior. Yo, personalmente, me mando a callar con un «sshhhh», pero puedes decirte «así no me ayudo», «esto no es verdad», o una fórmula similar.
  2. Cuando te sientas más calmada, si el pensamiento crítico continúa, trata de pensar o incluso escribir una respuesta que de verdad sea útil. Por ejemplo, «me olvidé de descongelar la comida de hoy porque tuve un día agotador/no es algo que forme parte de mi rutina. Prepararé macarrones con tomate o una tortilla en su lugar».
  3. Presta atención a los verbos que utilizas. No es lo mismo decir «tengo que ir a hacer la compra hoy», que no deja nada de margen a la negociación con una misma, que decir «me gustaría ir a hacer la compra hoy». Cambio de chip total.

Otras palabras que deberíamos evitar utilizar hacia nosotras mismas:

  • «Intentar»: Antes de decir que vas a intentar hacer algo, piensa en si de verdad es factible, si está en sintonía con tus planes o si es mejor asumir que en el momento presente no vas a poder, y regresar a esa idea en el futuro. Hablarte con amabilidad también supone no cargar tu mente con tareas pendientes innecesarias o que sabes que, lo más probable, es que no puedas cumplirlas. No tengas miedo de decir «no».
  • «Debo»: Por la misma razón que «tengo que», «debo» implica una obligación y, como tal, arrastra cierta culpabilidad si no la cumples. Yo estoy intentando sustituirla por «me gustaría…» o «estaría bien…»
  • Asumir: Más que una palabra, es una forma de ver el mundo. Cuando asumes cómo es la vida de los demás o cómo crees que debería ser la tuya basándote en unos parámetros inalcanzables o un falso ideal de perfección es muy fácil caer en los juicios y las críticas negativas. Recuerda que todos hablamos desde nuestro propio privilegio, y que nuestra experiencia vital puede no ser la misma que la de la persona que tenemos al lado.