El movimiento slow life invita a disfrutar del hogar como un refugio, un templo en el que reponer fuerzas y reencontrarnos después de las largas jornada de trabajo.

Cuando nos confinamos en marzo de 2020, muchos nos dimos cuenta de que en verdad no teníamos un hogar, sino una casa o un piso en el que vivir, y no es lo mismo. No obstante, las reformas han ido en aumento desde entonces y las tiendas de decoración están en su mejor momento. Y es que, al pasar más tiempo en casa, nos hemos dado cuenta de lo importante que es que nuestro hogar refleje quienes somos, nuestros hobbies, nuestro estilo de vida y, en definitiva, todo aquello que nos gusta. ¡Es importante sentirse bien en casa!

El primer paso, si quieres vivir tu hogar desde una perspectiva slow y disfrutarlo con más calma, es analizar cómo te sientes al llegar a casa cada día. ¿Te hace feliz entrar por la puerta? ¿Te agobia? ¿Sientes que puedes relajarte? Sé honesta contigo misma y no trates de justificar tus emociones, simplemente acéptalas y utilízalas como pistas. Durante mucho tiempo sentía agobio al llegar a casa y al despertarme los fines de semana, porque fuera de mis responsabilidades laborales, la casa se me hacía un mundo. Creía que parte de mi valor como persona adulta estaba en el estado en el que estuviera la casa: Nada de polvo, los platos siempre limpios y la cocina impecable. ¡Como si nadie viviera en ella! Y el problema no lo tenía la casa, sino mis expectativas sobre ella y sobre lo que yo creía que yo misma debía ser capaz de hacer.

Una atmósfera tranquila es fundamental para poder recuperarnos del estrés diario y sentir que tenemos el control sobre nuestra vida. Porque, al final, gran parte de la filosofía slow es eso: No dejar que las prisas ni el ritmo de la sociedad actual dicten cómo tenemos que vivir, sino disfrutar de este tiempo que tenemos desde la plenitud. Para mí, lograr este ambiente relajado y que mi casa sea un auténtico hogar slow es:

  • Un 50% de orden y limpieza: Higiene básica, tratar de acumular la menor cantidad de trastos posible (¡ojo! cuando digo trastos me refiero a objetos sin utilidad práctica ni emocional: aquellos que sí nos llenan o nos satisfacen forman parte de otra categoría), y mantener el orden en la medida de lo posible. No va a venir ninguna revista a fotografiar nuestra casa, no tiene que estar perfecta.
  • El 30% de estética: Que tu casa sea bonita, que te guste lo que ves cuando llegas a ella.
  • Un 20% de que te dé igual que no esté todo ordenado, recogido ni limpio.

Con esto en mente, lo ideal es empezar a visualizar tu hogar desde la habitación en la que más tiempo pasas despierta:

  • ¿Te ofrece todo lo que necesitas, tanto en el aspecto práctico como visual?
  • ¿Qué elementos tiene que ya no necesitas ni quieres tener a la vista? Reubícalos, cámbialos por otros o regálalos.
  • ¿Qué es lo que más te gusta de esa habitación ? Quizás es su luz, el estilo de decoración, los colores.. ¡poténcialo!
  • ¿Y qué es lo que menos te gusta? ¿Puedes cambiarlo?

Por último, no olvides que tu hogar debe ser el que tú y tu familia necesitan, no el que marquen las personas de fuera o el que necesitaban hace un año. Deja que fluya con tu estilo e vida y el de los tuyos y aprovecha esta pequeña guía para crear un hogar slow cada vez que te haga falta.