Ah, quererse a una misma. Esa asignatura pendiente, esa tarea por hacer. Eso que tantas revistas nos dicen que tenemos que hacer, justo antes de vendernos cremas rejunevecedoras, dietas y guías para tratar de alcanzar esa perfección que ya sabemos que no existe.

Es difícil quererse: vivimos en una sociedad que se basa en crear riqueza a partir de nuestras inseguridades. Pero es fácil saber cuándo no nos damos suficiente amor: nos sentimos desequilibradas, agotadas y nos olvidamos de nuestro propio bienestar. Dejamos de estar en nuestra lista de prioridades.

Querernos es no querer cambiarnos, salvo por nuestro propio bien. Es darle un espacio propio a nuestros defectos y a nuestros malos hábitos, pero lejos de los juicios y la autocrítica. Cuando te quieres no hay lugar para el castigo, sino para la observación, el aprendizaje y el crecimiento. Pero ¿cómo se llega a ese punto? ¿Es posible aprender a quererse más?

En primer lugar, deja de ponerte metas inalcanzables. Afirmaciones estrictas como «voy a bajar de peso en una semana», «voy a ir al gimnasio de lunes  viernes sin falta» o «no voy a beber más alcohol» sólo consiguen ponerte más presión encima. Y, sinceramente, en esta vida estresante que todas tenemos, eso es lo que menos necesitamos. Los cambios de hábitos son graduales, así que… ¿qué tal si mejor te propones «voy a comer más fruta», «voy a ir al gimnasio tres días a la semana» o «voy a dejar de beber alcohol en casa pero sí cuando salga con mis amigos», para empezar?

No tengas miedo de decir «no», incluso a los compromisos disfrazados de consejos. Ya sabes, todas esas personas que, desde su bondad y su mejor intención, te dan consejos no solicitados y se molestan si no los sigues.

Otra propuesta que te hago es que incluyas algo divertido en tu rutina matutina y en la nocturna. A mí me funciona escuchar un podcast de humor (mis favoritos son Alegadoras y Nadie sabe nada) mientras preparo el desayuno, y jugar a Animal Crossing o bordar antes de irme a dormir.

¿Sueles hacer limpieza de armario? ¡Es el momento! Yo lo hago dos veces al año (primavera y otoño). Quita toda la ropa que no es de tu talla y que solo te hace sentir mal y juzgarte. Fuera, no la necesitas en tu vida, por muy bonita que sea. No, no vas a volver a usarla. Ya habrá ropa más bonita aún cuando le hagas hueco sacando, regalando y donando la que ya no te sirve. Ah, y la próxima vez que vayas a un restaurante, ¿por qué no pides lo que más te apetezca de verdad, y no lo más «saludable» o lo más barato?

No dejes de dedicar tiempo a tu bienestar físico. Es más fácil quererse más cuando te dedicas tiempo: sal a caminar, date una ducha caliente, ponte una mascarilla hidratante… Si a todo eso le añades encender una vela que huela bien y cenar una bandeja de sushi del supermercado en el sofá, tienes mi plan perfecto para tener una cita conmigo misma. Sí, el sushi del supermercado. Cada una tiene sus vicios.

Ah, y hablando de comida: deja de usarla como premio o como castigo. Sé que es difícil romper con «me merezco un croissant», «hoy no debería comer esto porque ayer comí aquello otro» o incluso «no me merezco comer hoy», pero es fundamental. Alimentarte, moverte y descansar son tres pilares básicos en tu vida. La comida está ahí para hacerte sentir bien, física y emocionalmente, no para ser una moneda de cambio.

No te diré que te recites frases positivas cada mañana, pero sí que te rodees de personas que solamente opinen sobre tu vida si tú pides su opinión. Ah, y en la misma línea, que cuides cómo te hablas a ti misma y las palabras que utilizas para organizar tu día a día, tal y como te expliqué en este post.