Desde que me decidí a romper el círculo vicioso de estrés-cansancio-fin de semana-estrés-cansancio en el que llevaba años viviendo, he aprendido que la slow life, es decir, la «vida lenta» o «calmada» tiene muchos más beneficios de los que pensaba.

No se trata, simplemente, de ralentizar y ser consciente de lo que vives en cada momento, sino que se refleja en otros aspectos de la vida. Hoy quiero compartir contigo seis razones para vivir más despacio que, si bien no eran mi motivación original, actualmente me impulsan a mantenerme en este estilo de vida día tras día.

  • Cuando dedicamos más tiempo a casa cosa, disminuye el estrés. Al evitar la «multitarea» (que, en verdad, es saltar de una actividad a otra a gran velocidad) nos ahorramos la sobrecarga mental que supone: Esto te lleva a sentirte más tranquila al final del día y, por tanto, a dormir mejor.
  • Dar los primeros pasos hacia una slow life y repensar tu vida te aleja de las expectativas inalcanzables de la sociedad, en las que caemos por no tener ni tiempo de replanteárnoslas. Aunque esto no ocurre de la noche a la mañana, el control que te da sobre tu propia vida es enorme.

  • Dejas espacio para la salud física y mental, y te haces más consciente de lo que necesita tu cuerpo y tu mente. Así, al aprender a «escucharte», podrás tomar decisiones que estén en sintonía con tu estilo de vida  que se ajusten a lo que de verdad necesitas.
  • Aprendes a vivir de forma más sostenible, incluso sin darte cuenta, ya que deseas menos cosas materiales y le das más importancia a las experiencias.
  • Vivir lentamente es el antídoto perfecto ante la sobreestimulación a la que nos sometemos, inconscientemente, cada día.
  • Si aprendes a saborear cada experiencia y cada instante de tu vida y a aceptar y fluir con lo malo, no llegarás a vieja pensando que te perdiste lo mejor de la vida.

¿Añadirías alguna otra razón para vivir con más lentitud?