Hablar del autocuidado y de su importancia no es nada nuevo. Ya escuchábamos sobre lo fundamental que era dedicarse tiempo a una misma antes del confinamiento de 2020, pero a partir de esa fecha se volvió una prioridad.

Una prioridad que, a pesar de todo, seguimos ignorando día tras día. Y, sin embargo, el autocuidado también es una forma de tratar mejor a quienes tenemos alrededor, ya que cuidar hacia dentro supone reflejar todo ese cuidado también hacia fuera.

¿Cómo es posible? Pues, para empezar, porque cuando te das cuenta del daño que te haces con determinadas actitudes tóxicas que tienes hacia ti misma, dejas de aplicarlas a los demás. Me refiero a hábitos como la crítica destructiva o los juicios de valor.

En la misma línea, si un hábito te beneficia, querrás compartirlos con quienes te rodean. Todos tenemos (o somos) un amigo pesado con la nutrición, con el yoga o con hacer senderismo. Si bien no es saludable llegar al punto de la obsesión o de la desinformación, querer atraer y hablarle a nuestros seres queridos de aquellas costumbres que nos benefician es algo inevitable e, incluso, deseable. ¡Todos queremos lo mejor para los nuestros!

En último lugar, mi experiencia me ha enseñado que cuando no tienes malos deseos hacia terceras personas, tampoco sospechas que otras personas puedan tenerlos hacia ti, por lo que vives con más tranquilidad. Al estilo Hakuna Matata, «vive y deja vivir». Si estás pendiente, constantemente, de lo que hacen y deshacen tus vecinos, esperarás de forma inconsciente que ellos también estén juzgando tus acciones. En el momento en que este chip se desactiva, lo hace en ambas direcciones.

Todo lo que cuides hacia dentro, lo reflejarás hacia fuera. Así que ya sabes, a quererse y mimarse un poco más, a beber agua y a cuidar de la salud mental. ¡Nos leemos!