Una de las tareas pendientes que llevo muchos años arrastrando, y en la que llevo trabajando ya una temporada, es la autocompasión. En otras palabras, en tratarme a mí misma como trataría a otra persona.

No siempre es fácil ser amable y comprensiva con una misma, pero necesitamos hacerlo. ¿Y qué tiene que ver con la slow life? Mucho más de lo que piensas. Ya sabes que es difícil tratarse bien a una misma en una sociedad que nos invita  la autocrítica constante, sobre todo cuando no estamos en nuestro mejor momento o creemos que estamos fallando. Y estos errores, muchas veces, no son tal. Nos castigamos y nos maltratamos por no cumplir las expectativas que creemos que otras personas tienen sobre nosotros, siendo esas «otras personas», a menudo, un ente gris y nebuloso que tampoco sabemos identificar del todo.

«Perdóname por llorar, parezco una tonta». «Se me da fatal cocinar porque una vez se me quemó la comida». «Soy una irresponsable, no debí comerme ese trozo de tarta». ¿Te suena?

Validar nuestras emociones y, desde ahí, aceptarnos como humanos, es clave para no dejarnos llevar por el barullo y el ajetreo cotidiano. Es decir, para transitar hacia una vida slow de verdad, en la que no nos importe lo que los gurús que se anuncian en las redes nos digan sobre lo que es el éxito y en la que la publicidad no define nuestro comportamiento. Para ello también es clave escuchar nuestro cuerpo, ¡sólo tenemos uno! Si seguimos sometiéndolo a las exigencias poco realistas sobre lo que creemos que es «ser adulto», lo estaremos llevando constantemente al límite. Por no hablar de lo difícil que es aprender a escuchar a nuestro propio cuerpo y mente si no frenamos un poco nuestra forma de vivir.

¡Respira!

Si no sabes muy bien cómo afrontar la autocompasión, piensa en cómo tratarías a un niño que estuviera a tu cargo. Si se equivoca en algo, ¿le gritarías y le humillarías, o tratarías de entender, calmadamente, lo que ha podido ocurrir? ¿Buscarías una solución a un problema que tuviera, o le obligarías a ir a más y más actividades extraescolares para que no le diera tiempo a pensar en ello? Si se enfermara, ¿lo cuidarías, o le exigirías que mantuviera el mismo estilo de vida que cuando está sano?

Personalmente, lo que más me cuesta a la hora de trabajar la autocompasión es ignorar estos ideales imposibles y distinguir entre mis expectativas personales, las de las personas que me rodean, y las que yo creo que tienen estas personas (y que no necesariamente coinciden). ¿Y a ti?