Enfrentarnos a ideas, emociones o traumas que llevan años ancladas en nosotros no es tarea fácil: a menudo no sabemos ni identificarlas y, cuando se disparan, no podemos pararnos a asimilarlo.

Esta tormenta que va por dentro puede estar tan enterrada que nadie que nos acompañe podría percibirla. Otras veces estallamos, bien porque llegamos a un límite o bien por llevar demasiado tiempo luchando en esas batallas internas entre lo que creemos que somos y lo que, en el fondo, sabemos que somos.

Si te ves muy a menudo en estas circunstancias, te animo a buscar ayuda profesional. Aprender a gestionar nuestras propias emociones es una tarea pendiente en la sociedad actual y nunca es demasiado tarde para adquirir esa habilidad. Si, además, lidiamos con alguna circunstancia especialmente difícil, se hace fundamental contar con esta ayuda.

Mientras trabajas en esta forma de expresar tus emociones de una forma saludable, o si aunque ya sepas hacerlo sientes que pierdes el control, te propongo dos estrategias para esos momentos en los que sientes que puedes arrasar con todo y que, al menos, a mí me funcionan. Esto no significa que también te sirvan a ti, ¡pero no se pierde nada por intentarlo!

  1. Cambiar la postura de mi cuerpo, hacerme más consciente de mi lenguaje corporal o, incluso, cambiar de habitación, me ayuda en mi proceso de calmarme. Si no puedo salir al aire libre, mirar por la ventana también es de gran utilidad.
  2. Frenar el arrebato (de gritar, por ejemplo) durante unos segundos me ayuda a no tener que utilizarlo: Cuando pasa ese fugaz momento de explosión, siento que ya ni lo necesito ni me sale.

Si no sabes por dónde empezar a pedir ayuda, te sugiero acudir a tu médico de cabecera o contactar con una asociación de tu ciudad que, sin duda, sabrá guiarte.