Si buscamos una definición sencilla de lo que es la frustración, podríamos decir que es la respuesta emocional que se produce en nosotros cuando no conseguimos lo que queremos.

En un nivel algo más profundo, podemos decir que la frustración tiene lugar si no conseguimos lo que queremos como lo queremos, que suele ser de forma rápida, fácil y sin mayores inconvenientes.

Con la edad aprendemos a no mostrar frustración, sobre todo en una cultura en la que:

  • Abunda la positividad tóxica
  • El éxito se mide por los récords y la inmediatez
  • Mostrar emociones se considera un signo de debilidad

Dudo que, sin embargo, sepamos gestionar la frustración. Yo sé que estoy aprendiendo a hacerlo (hasta ahora, cualquier sensación de frustración se transformaba en culpabilidad y autocastigo). Para mí, la frustración puede ir desde algo tan importante como que un proyecto al que haya dedicado muchos meses no termine de despegar como que mi propio perfeccionismo tóxico me haga sentir mal porque se me caiga una taza al suelo. En los dos casos ocurre ante una situación que, en mi mente, no debería estar teniendo lugar, ¡o al menos no de ese modo!

Eso sí, no todos vivimos igual la frustración. Además, en diferentes etapas de la vida cambian nuestras expectativas y nuestra forma de enfrentarnos a lo que consideramos fracaso.

Algunos de los procesos y estrategias que me ayudan a gestionar mejor la frustración son:

  • Trabajar en romper con el perfeccionismo idealizado
  • Aceptar los propios límites y los que nos vienen dados de forma externa
  • Admitir mis propias emociones

Algo que me resulta de enorme utilidad en esas circunstancias es sentarme en el suelo. No sé de dónde nació este hábito, simplemente surgió un día y me permitió aceptar mi propia explosión interna y encontrar la calma con mucha más suavidad y amabilidad hacia mí misma.

  1. Tener una visión realista supone que asumimos internamente que ni todo pasa como queremos ni cuando queremos. Y en una cultura en la que asociamos esfuerzo y éxito, aquellas metas que no dependen de nosotros se convierten en un reto (que la chica que nos gusta nos diga que «sí», tener un hijo, conseguir un trabajo en una empresa de renombre, etc.) muy difícil de procesar. En ocasiones, tiene lugar incluso un proceso de duelo.

Siento que aprender a gestionar la frustración es un paso fundamental para vivir de una forma más consciente: Vivir desde lo que soy y lo que tengo, y no desde esa idealización inalcanzable.

Diferenciar imaginación de ilusiones y realidad de idealización me permite tener una vida más plena, restarle importancia a lo que no la tiene (o a aquello que no puedo controlar) y disfrutar tanto como pueda de lo que me rodea.

Y tú, ¿estás transitando este mismo camino?