Creemos que somos más válidos cuanto más ocupados o estresados estemos, pero lo pagamos con nuestra salud.

Nos perdemos conexiones humanas, detalles en el camino, y no apreciamos el valor que tiene el simple hecho de estar vivo. En otras palabras, nos perdemos lo que tenemos frente a nuestros propios ojos.  Así, nos perdemos las cosas positivas que ya tenemos, buscando lo que está fuera de nuestro alcance, o tratando de agradar a otros.

Es muy fácil caer en el bucle y en la creencia errónea de que estar ocupado equivale a tener éxito o a ser más responsable. Por eso es tan importante deconstruirnos y entrenarnos a nosotras mismas en una vida consciente, en la que seamos nuestra prioridad número uno, y tomemos la responsabilidad completa sobre nuestra felicidad. No voy a negar que escribo esto después de haber conseguido una estabilidad financiera, laboral y familiar que hace años no tenía: soy consciente de que para poder sentirnos felices y trabajar en lo que nos hace daño se requiere un mínimo de seguridad y tranquilidad, pero también pienso que es necesario romper con los patrones culturales que nos hacen daño para poder iniciar ese camino. Y, en mi experiencia, saturarte hasta el punto de agotarte no sirve para darte espacio para crecer como persona.

Dejar de glorificar el estrés supone un cambio de vida hacia una mayor estabilidad mental y física, con metas asequibles y realistas, tomando decisiones que estén en la misma línea que nuestras creencias y valores. Asumir que, al contrario de lo que nos han vendido, no el éxito no tiene porqué estar fuera de nuestra zona de confort. Lo que para algunos es triunfar puede no tener nada que ver con el significado que le dan otras personas, por eso no hay una única fórmula para tener éxito en la vida. Sólo puedes construirla tú y, para eso, tienes que dar espacio a conocerte.