Te diré algo que quizá te sorprenda: No existen las emociones negativas. Todo lo que sientes es válido, y es una respuesta emocional que depende de tu educación, contexto sociocultural y tus propias experiencias.

Lo que sí existen son las emociones que nos hacen sentir incomodidad, malestar o, incluso, que acaban con nuestro ánimo, pero igual de válidas que la alegría, la calma o la ilusión. Estamos acostumbradas a escuchar frases como «¡No llores!» o «¡No estés triste!», nos rodeamos de anuncios e imágenes en las que aparecen personas con pinta de estar viviendo una vida plena y feliz. Las redes sociales, probablemente, tampoco sean de mucha ayuda, salvo que sepas enfocar los contenidos que consumes para que no sean dañinos.

Para gestionar las emociones incómodas, quizá te sirvan estas preguntas que me hago a mí misma:

  • ¿Qué ha producido esta emoción? A veces estamos tristes sin saber porqué, pero a menudo, las emociones difíciles tienen un detonante reconocible. ¡Ojo! No vamos a juzgar la relación y proporción entre cómo nos sentimos y lo que produjo esa sensación, solamente identificar y observar la causa.
  • ¿He sentido esta emoción anteriormente? ¿Me funcionó la forma en que lo gestioné?
  • ¿Cómo se siente mi cuerpo físicamente cuando vivo esta emoción? ¿Qué puedo hacer para mejorar o aliviar esto?
  • ¿Tengo prisa por superar esta emoción, o puedo permitirme que se diluya poco a poco?
  • ¿Cómo afecta esta emoción a mi forma de comportarme con las personas, animales y objetos de mi entorno?

Algunas estrategias que me sirven para lidiar con estas emociones desagradables son:

  • Reconocerla y ponerle nombre. Mirar ruedas de emoción, como las que utilizan los escritores o los psicólogos, puede ser de gran ayuda:

  • Aprender de lo que estoy sintiendo.
  • Aceptar la emoción y navegarla, no luchar contra ella.
  • Recordar que no dura eternamente.

¿Qué te funciona a ti?