La filosofía slow no pretende que vivamos lentamente todo el tiempo, sino que nos permitamos darle a cada actividad el tiempo justo que necesita.

¿Te llama la atención la filosofía slow life pero no sabes por dónde empezar? Aquí tienes cinco formas en las que yo he sido capaz de bajar el ritmo de mi vida y dedicar, a cada aspecto de mi día a día, el tempo giusto.

  1. Reflexionando sobre nuestras prioridades… Y siendo coherente con ellas. Si avanzar en tu carrera profesional es fundamental en tu vida, quizá no puedas pasar todo el tiempo que te gustaría con tu familia ni tener una mascota, pero sí deberías dedicar tiempo a tu salud y tu descanso para evitar el famoso síndrome de burn-out. Si, por otro lado, tu pareja y tu familia es tu prioridad, tendrás que marcar límites con los horarios laborales o incluso buscar una profesión que te permita conciliar con mayor tranquilidad. Yo estuve varios años pluriempleada, con jornadas de 12 ó 14 horas al día, a la vez que trataba de mantener mis hobbies, una vida social más o menos estable y la casa limpia y ordenada. Y no sólo perdí la salud, sino que me rodeaba de personas que no me hacían mucho bien y no conseguí avanzar profesionalmente hasta que no establecí mis prioridades de verdad.
  2. Reconociendo que el mundo no gira a tu alrededor. Sí, ya sé que lo sabes. Pero te lo recuerdo, porque ser consciente de que no pasa nada si no lavas los platos ahora, si cambias de fecha una cita con el dentista o si decides no apuntarte a un plan familiar para quedarte descansando es un alivio tremendo. No pasa nada. En serio, aunque tu jefe te diga que sí.
  3. Dejando de lado la multitarea. Almorzar mientras respondes mensajes de trabajo, ducharte mientras escuchas podcast formativos o cursos de idiomas y, en general, hacer varias cosas a la vez, puede ser útil en periodos muy cortos de tiempo, pero a largo plazo nos agota y nos impide concentrarnos y disfrutar de cada actividad que realizamos.
  4. Quitando todo aquello que no te hace bien. Esta medida suena un poco dramática, pero se puede aplicar a muchas facetas del día a día. Por ejemplo, cuando ordenas el armario, párate a analizar cuántas prendas tienes por tener pero en verdad no te gustan, no van con tu estilo o no son de tu talla. Dónalas, regálalas o recíclalas, pero apártalas de tu armario. Y las que guardas por nostalgia, consérvalas en una caja aparte en el altillo del armario, donde no estorben con la ropa que sí puedes usar cada día. Con las amistades pasa lo mismo: todos tenemos, o hemos tenido, amigos que sabemos que están a nuestro lado por interés, ¡o que incluso hemos mantenido por interés propio! Plantéate cómo te hace sentir esto, el esfuerzo que requiere tener a esa persona en tu vida frente a lo que de verdad te aporta su compañía, y toma medidas al respecto.
  5. Haz que tu casa sea un hogar. O tu habitación, si compartes piso con familiares o con otras personas. Que sea el lugar donde te sientes más a gusto. Una atmósfera tranquila es una de las piezas fundamentales para poder recuperarnos del estrés diario y sentir que tenemos el control sobre nuestra vida y, con ello, sobre nuestras decisiones. Porque, al final, una buena parte de la filosofía slow consiste en no dejar que las prisas ni el ritmo de la sociedad actual dicten cómo tenemos que vivir, sino disfrutar de este tiempo que tenemos desde la plenitud y la consciencia.