La salud mental está en boca de todos desde hace unos años, especialmente tras la pandemia por COVID-19. Pero, ¿hacemos algo para mejorarla?

En España, las cifras sobre salud mental son escalofriantes. Es uno de los países de la Unión Europea (junto a Portugal) que más psicofármacos consume, a pesar de la fama de estilo de vida calmado y mediterráneo que se tiene de los españoles en el extranjero. Hay más de 200 casos de intentos de suicidio diarios y, según el Ministerio de Sanidad, una de cada diez personas mayor de 15 años tiene un trastorno mental diagnosticado. No hay ninguna duda de que esta situación mejoraría si se facilita el acceso a la población a la ayuda psicológica y psiquiátrica, reduciendo las listas de espera en las consultas médicas, lo que requiere una mayor inversión en sanidad. Y, puestos a pedir, si se mejoran las condiciones laborales y económicas de la población. Pero, a nivel individual, ¿qué estamos haciendo para mejorar nuestra salud mental y nuestro bienestar emocional?

Para mí, una de las claves para mejorar mi salud mental (después de que me diagnosticaran trastorno de ansiedad y pasar por una situación de disociación cognitiva hace unos años) ha sido frenar. Descubrir que había una forma de vivir más lentamente, de forma más consciente y reordenando mis prioridades, ¡incluso antes de saber que era una corriente que existía y que se llama slow life o slow living!

Hoy quiero compartir contigo cinco formas de poner tu salud mental y tu bienestar emocional por delante que he aprendido gracias a la filosofía slow:

  1. Está bien no estar bien: Olvida las falsas e idealizadas vidas de los famosos y de las personalidades de Internet. Deja de compararte con lo que ves en los medios de comunicación o con cómo crees que están tus amigos y compañeros de trabajo, porque todos tenemos altibajos, problemas y épocas mejores que otras. Y eso está bien, es parte de nuestra naturaleza. Aceptar las emociones incómodas (que no negativas), navegar por ellas y asumirlas es el primer paso para poder pedir ayuda si lo necesitamos o para comunicarnos eficientemente con las personas que nos rodean. P.D: Fingir que todo va bien puede servirte ante un desconocido o una persona que no merezca tu confianza, pero quienes te quieren de verdad agradecerán saber cómo te sientes.
  2. Tómate el descanso en serio: El tiempo libre es importante y fundamental, pero dormir bien es una necesidad básica. Tómate en serio las rutinas y horarios de sueño y, si notas un cambio que te genere problemas (por ejemplo, insomnio frecuente, dificultades para conciliar el sueño o sueño muy ligero) estudia a qué puede deberse. Muchas veces será por factores externos (ruido en la calle, calor, medicamentos o alguna enfermedad, etc) pero en otras ocasiones es la primera señal de que hay preocupaciones que debemos trabajar o algo que nos está estresando. No le sirve a todo el mundo, pero utilizar una pulsera digital tipo smartwatch y dormir con ella me ha ayudado a conocer mis patrones de sueño y a ser consciente de que dormía menos horas de las que pensaba. Ahora me voy a acostar más temprano y me siento mucho mejor durante el día.
  3. Date permiso para ser tu prioridad: De nada sirve que te sepas la teoría (si no estoy bien yo, no puedo estar bien con los demás ni cuidar de ellos) si no te das permiso, sincero y honesto, para ser tu prioridad. Para ello no basta con pensar que cuando puedas saldrás a pasear por la playa o cuando tengas un ratito en casa te mimarás con una mascarilla hidratante y un buen libro: Reserva, activamente, un día y una hora en tu agenda para esa actividad. Con el tiempo, se convertirá en parte de tu rutina y ya no tendrás que «obligarte» a cumplir con el autocuidado. Ya sabes, a veces o se hacen las cosas así, ¡o no se hacen nunca!
  4. Rodéate de cosas bonitas: Vivir y trabajar en espacios que te resulten agradables puede marcar la diferencia. Incluso si tu casa es pequeña y tienes muchas cosas, aprovecha para revisar qué usas y qué no necesitas, reorganiza (hay muchas ideas originales y bonitas por Internet) y crea los espacios en los que de verdad quieres vivir.
  5. Analiza tu productividad: Tenemos la idea equivocada de que para ser productivos tenemos que estar haciendo algo. Y, a poder ser, bajo cierta presión y estrés. Sin embargo, hay muchas formas de ser productivo, y cada una tiene su momento en el día. Descansar para poder rendir mejor en el trabajo al día siguiente forma parte de los pasos necesarios para lograr ese objetivo. Salir de acampada con los niños una vez al mes también es productivo, ya que generas recuerdos, experiencias y aprendizajes con ellos. Entrenar con tu perro o ir al gimnasio tiene enormes beneficios para tu salud física y mental, así que también es productividad. ¡Lo que no tiene ningún sentido es ir corriendo de una actividad a otra, sin aprender ni centrarnos en lo que estamos haciendo!