Cuando, en un arrebato de intuición, salí un domingo por la tarde a comprar un test de embarazo en una farmacia de guardia, ya sabía que iba a dar positivo.

Pero una cosa es intuirlo y otra, muy diferente, verlo en la pequeña pantalla del aparatito. Una de las primeras preguntas que surgió, después de la celebración inicial, fue «¿Cuándo se lo decimos a otras personas?». Y es que, a pesar de la enorme emoción del momento, teníamos los pies en la tierra, y sabíamos que hasta que no pasaran algunas semanas, el riesgo de sufrir un aborto era más alto de lo que nos gustaría.

Los siguientes días fueron un torbellino entre la emoción, nuestro secreto compartido, la calma de saber que estábamos haciendo todo lo posible por cuidarme a mí y a nuestro futuro bebé y el miedo a que algo saliera mal. ¡Creo que nunca se me había pasado tan lento el tiempo! Solo queríamos tener buenas noticias en las consultas médicas para poder transmitirlas a partir de la octava semana a nuestros familiares. Navegar esa mezcla de calma y emoción no fue fácil, pero hubo tres cuestiones que me ayudaron a mantenerla:

  • Saber que estaba haciéndolo bien, sin consumir alimentos peligrosos y escuchando a mi cuerpo. La voz de mi ginecóloga diciendo «tiene buena pinta» en la primera ecografía resonaba tranquilizadora en mi cabeza.
  • Compartir mi experiencia en foros con otras personas que también estuvieran viviendo sus primeras semanas de embarazo, pero evitando leer experiencias sobre los peligros que implicaba o sobre el parto. Es decir, leer solamente experiencias positivas, divertidas o que coincidieran con lo que yo estaba viviendo.
  • Recordar que, por muy lentas que se me pasaran las semanas antes de anunciarlo a nuestros seres queridos, serán las únicas en las que esta incipiente maternidad sería solo cosa mía y de mi pareja. En cuanto diéramos la noticia empezará a ser una cuestión que involucre a nuestras familias y no solamente a nosotros.

¿Cómo has vivido tú el anuncio de tu embarazo?