No hay mejor maestro en la vida que las nuevas experiencias, y tener un hijo es, sin duda, una de ellas.

Te puedes saber toda la teoría sobre la salud del bebé, tener claro el estilo de crianza que quieres aplicar y contar con todas las herramientas y soporte que puedas desear para sacar adelante a un bebé. Pero cuando te encuentras ante ese pequeño cachorro de humano, que aunque no sepa hablar ni caminar es una persona con todo su carácter, hay mucho que puedes aprender sobre él y sobre ti misma. Y si tuviera que quedarme con las cinco lecciones que mi bebé me enseñó en su primer mes de vida, serían las siguientes:

1. Está bien expresar la incomodidad o el disgusto que sientes ante una situación. Quizá no llorando y gritando como lo hace un bebé, pero sí con las herramientas que has ido adquiriendo en tu vida adulta.

2. Es normal abrumarse ante el exceso de información o de planes, ¡si hasta nuestros móviles y ordenadores tienen un tope de memoria y de caché antes de empezar a fallar!

3. Hay un momento del día para todo. En la misma línea, mentalmente uno no está tan dispuesto a diferentes actividades a lo largo de todo el día. Seguro que te suena escuchar a otras personas hablar sobre si rinden mejor de mañana o por la tarde, o tú misma sabes cuándo te sientes más capaz de realizar una actividad intelectual o artística y cuando no.

4. Comer cuando se tiene hambre y descansar cuando se tiene sueño. Esto, tan propio de los bebés, se puede extender a la vida adulta si somos conscientes de nuestros límites y no nos exigimos rendir igual cuando estamos plenamente descansados que cuando hemos pasado una mala noche. Por otro lado, ¿Qué invento es éste de tener unas horas fijas para comer? Se traduce en que aguantas el hambre o en que llegas a la hora del almuerzo sin apetito, y comes «porque toca». Y no pretendo que estemos todo el día comiendo, pero sí creo que si aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo y a actuar en consecuencia ganaríamos en salud.

5. Hay circunstancias en las que es fundamental apoyarse en los demás, por mucho que en la sociedad actual se elogie el éxito individual. Estamos diseñados para vivir en comunidad, y solo de esa forma podemos alcanzar, desde la salud y la calma, nuestras metas.

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