https://www.flickr.com/photos/riseconf/

La gurú del orden admite que ahora mismo su prioridad no es tener la casa impecable, sino disfrutar de su familia.

Hace apenas unas horas saltaba la noticia en todos los medios: Marie Kondo se rinde ante el desorden de su casa. Algunos titulares buscaban la sangre, y daban voz a esta noticia como «Marie Kondo admite que no ordena su casa» o «Marie Kondo se da por vencida», pero la realidad iba mucho más allá del morbo que produce que una persona dedicada a enseñarte a ordenar haya admitido que su casa no está recogida. Y es que lo que Kondo declaró para una entrevista de The Washinton Post fue que, en el momento actual, sus prioridades son otras. Tiene tres hijos, y mientras admitía que es imposible tener una casa ordenada siendo madre de tres niños, afirmaba que prefería dedicar el tiempo y la energía que le llevaría tener la casa perfecta a disfrutar de ellos: «Mi casa está desordenada, pero la forma en que paso mi tiempo es la correcta para mí en este momento y en esta etapa de mi vida».

A Marie Kondo parece haberle sucedido lo mismo que a muchas de nosotras: Después de intentar cumplir con todas las expectativas, propias y ajenas, se ha «rendido». Pero me atrevo a decir que asumir que lo más relevante no es el orden en casa sino el tiempo juntos no es rendirse, es casi subir de nivel. Asumir que tus prioridades han cambiado y que tienes que navegar por ese nuevo orden mental. Y encontrar la felicidad y la calma en ese estilo de vida desconocido, con todo el vértigo que supone. Obsesionarse menos y disfrutar más. En su libro más reciente, Kondo explora el concepto japonés de kurashi («estilo de vida») desde una perspectiva que permita a los lectores conseguir una vida más plena y calmada. En este libro, la autora pregunta «¿Qué es lo que realmente quieres poner en orden?».

Y es que el método KonMari, que Kondo popularizó en 2014, partía siempre de la base de crear un espacio en el que pudieras ser feliz, conservando los objetos y bienes materiales que te despertaran una sonrisa, y no acumular por acumular. ¡Así que esta nueva perspectiva sobre la vida doméstica no debería sorprendernos tanto! El objetivo es el mismo. Ser feliz, crecer y adaptarse. Y ésa es la mejor lección de Marie Kondo.