Tendemos a asociar la filosofía Slow Life con el disfrute de la naturaleza y la vida campestre, pero nada más lejos de la realidad.

La ciudad, desde las grandes capitales hasta las pequeñas urbes, son el espacio en el que residimos muchos de nosotros. Su ritmo es acelerado, impulsado por los velocímetros de los coches y el horario del transporte público. Los horarios de las tiendas vienen marcados por los horarios de los comercios vecinos y no por la conveniencia para sus propietarios, y predominan las líneas rectas y minimalistas, prácticamente sin personalidad. Aún así, es posible vivir lentamente en una ciudad, desafiando el ritmo que nos empuja a ir cada vez más rápido y hacer más cosas. El tiempo de ocio es el momento ideal para empezar a aplicar el Slow Life, así que hoy te propongo cinco actividades que puedes hacer en tu ciudad para desacelerar y cambiar tu estilo de vida… ¡incluso si tienes niños!

  1. Sé turista en tu propia ciudad: Pasea, visita los museos, redescubre los parques o prueba una nueva cafetería, y trata de saborear al máximo esa experiencia, sin prisas, ¡como si estuvieras haciendo turismo en otra ciudad!
  2. Atrévete a probar una nueva receta… pero no compres los ingredientes frescos en el hipermercado. Ve al mercado del agricultor más cercano para conseguir esos productos, y déjate sorprender por los quesos y dulces, el olor de las especias y la variedad de frutos secos que ofrecen. Si vas con niños, es una oportunidad única para aprender los nombres de todos los ingredientes que vayan viendo.
  3. Encuentra un lugar que te inspire y llévate un libro o una revista para leer allí. Puede ser una cafetería con un ambiente especialmente tranquilo, la playa, un banco en tu plaza favorita o tu propia casa. Permítete disfrutar de ese espacio con un poco más de calma. Si quieres adaptar esta actividad para disfrutar con los niños, cambia la revista o el libro por un bloc de dibujo para cada uno.
  4. Dedica un día a no mirar el reloj: Tómate tu tiempo para desayunar, prepara la comida cuando empieces a tener hambre y lleva a cabo tus tareas sin estar pendiente de cuánto tiempo te llevan.
  5. Fabrica algo. Sí, como lo oyes, ¿recuerdas que cuando nos confinaron en 2020 nos dio por aprender a hornear? Elabora un bizcocho, aprende a coser un bolso de tela a partir de una camiseta vieja, o diseña un precioso collar de cuentas de madera. Algunas de estas actividades DIY son perfectas para involucrar a toda la familia y pueden hacerse con materiales reciclados o que tenemos en casa.

¿Te ha resultado interesante? Si buscas una forma de aplicar pequeños cambios en tu día a día que te permitan vivir de forma más plena, te invito a seguir el reto de 30 días para vivir más lentamente.