Hace unas semanas comenzamos a ofrecer alimentos diferentes a la leche a nuestro bebé. Es decir, hemos comenzado con la alimentación complementaria.

El movimiento slow food se basa en conocer y disfrutar de la comida de temporada, cercana y de calidad. O como ellos lo resumen: Bueno, limpio y justo. También implica saborear los alimentos, comer sin prisa y de manera consciente. Y es algo que, igual que intento incorporar en mi día a día, he tenido en cuenta a la hora de comenzar la alimentación complementaria con mi bebé. La fruta fresca y los purés de verduras cocinados en casa son ya parte de su dieta. «¡Lo normal!», me dirás. Pues si lo consideramos lo normal para alimentar a un bebé, ¿cómo es que no nos lo permitimos de adultos, y acabamos comiendo rápido, cualquier cosa, incluso normalizamos los ultraprocesados?

Desde que nuestro pequeño empezó con la alimentación complementaria estamos comiendo todos un poco mejor, porque siempre hay fruta y siempre hay verduras para el puré. Pero si quieres saber con un poco más de detalle cómo aplicar la filosofía de la slow food (o «comida lenta») a la alimentación de tu bebé, aquí tienes mi guía particular:

  • Apuesta por alimentos frescos y de temporada, que son más nutritivos, sabrosos y económicos que los alimentos procesados o de fuera de época.
  • Cocina los alimentos de forma saludable, sin añadir sal ni azúcar, pero incorporando aceite de oliva virgen extra. Dale prioridad a las frutas crudas y las verduras guisadas y, con el tiempo, podrás preparar recetas sencillas aptas para bebés que se preparan al horno.
  • Seguro que ya lo sabes, porque es una de las primeras indicaciones que se dan a la hora de comenzar con la alimentación complementaria, pero hay que introducir los alimentos uno a uno. Ofrece los nuevos ingredientes de uno en uno y espera unos días antes de introducir otro para asegurarte de que tu bebé no tenga reacciones alérgicas. Después puedes empezar a combinarlos entre ellos o con un ingrediente nuevo (de forma que tendrás que dejar, otra vez, tres días hasta presentarle una nueva comida).

  • Usa alimentos orgánicos y de cercanía. Así sabrás que están libres de pesticidas, contribuirás a la economía local e irás familiarizando al bebé con los alimentos que le acompañarán en el futuro. Nosotros vivimos en Canarias, y uno de los ingredientes típicos de la gastronomía canaria es el gofio. Es una harina elaborada con diferentes cereales tostados y molidos, y ha sido uno de los primeros alimentos que hemos presentado a nuestro bebé (en su versión sin gluten, ¡claro!).
  • Evita los alimentos procesados, que suelen ser ricos en azúcares y grasas poco saludables, y a menudo carecen de los nutrientes necesarios para el crecimiento y desarrollo adecuados del bebé. Si necesitas ofrecérselos (no podemos negar que son muy prácticos) estudia bien los ingredientes primero, y no deseches la etiqueta o el envoltorio hasta que no te hayas asegurado, con el transcurso de los días, de que no le provoca ninguna reacción adversa.

La hora de comer también es todo un acontecimiento. La aprovechamos para que nuestro niño aprenda a esperar la comida entre cucharada y cucharada, le hablamos de lo que está comiendo y, en ocasiones, le dejamos sostener la cuchara con las manos (y el consecuente desastre en la cocina, hay que admitirlo). Es un momento de conexión, igual que lo es el biberón o darle el pecho.