Encontrar el espacio (tanto mental como físico) y el tiempo para establecer un rutina o un estilo de vida coherente contigo misma con un bebé en brazos es bastante difícil… Pero se puede.

Una rutina diaria slow puede aplicarse durante las 24 horas del día, en pequeños ratos, o solamente cuando estés con tu pequeño. La flexibilidad y la comprensión hacia ti misma es importante, y por poco tiempo que dediques a tratar de dedicar a la tarea que tienes delante el tiempo y la atención que merece, y no menos, ya es un avance enorme que será muy beneficioso para ti y tu bebé.

  • Establecer un horario fijo para dormir y para despertarte puede ser muy difícil, sobre todo cuando el niño es muy pequeñito o está enfermo. Sin embargo, tener tu propia rutina, que se adapte a la suya, te ayudará a gestionar mejor tus niveles de energía durante el día y poder enfocar las taras con la atención y el cuidado que merecen. Con nuestro bebé empezamos mal en este aspecto: Estábamos acostumbrados a irnos a dormir a las diez y media de la noche y despertarnos a eso de las ocho, pero el Peque nació y decidió que hasta la medianoche no iba a tener el sueño profundo. Sumado a los despertares propios de un recién nacido, nos acabábamos despertando a las nueve o diez de la mañana. A partir de los cuatro o cinco meses comenzó a dormirse a las nueve de la noche, lo que nos da la mayoría de las noches cierto margen «baby-free» hasta que vayamos a dormir. Eso sí, hemos adelantado nuestra hora de dormir a las diez de la noche para poder compensar los despertares de madrugada. La hora de levantarnos la ha marcado el chiquitín, que parece que tiene un reloj programado a las siete de la mañana todos los días.
  • Dedica tiempo para la alimentación de tu bebé, tanto si es para disfrutar del momento con él como para descansar tú. En mi caso, nunca sentí que la lactancia materna me conectara especialmente con el Peque, pero eran momentos en los que no me quedaba más remedio que detenerme y sentarme. Y nadie podía discutírmelo. Cuando me di cuenta que me resultaba muy aburrido, empecé a aprovechar esas largas tomas para leer o ponerme al día con los mensajes de mis amigos y familiares en Whatsapp. Si me escribiste un mensaje entre octubre y febrero, es muy probable que te lo haya respondido con una criaturilla en la teta. Sin embargo, en cuanto hemos empezado con la alimentación complementaria he descubierto que me lo paso pipa y que conecto un montón con el bebé a la hora de comer.

  • Igual que soy partícipe de las nuevas experiencias con la comida de mi bebé, lo hago partícipe de mi hora de comer. Desde muy pequeñito está sentado (a principio, semitumbado) en la trona frente a la mesa, y ahora que puede mantenerse sentado solo es uno más a la hora de comer… aunque no comamos a la vez.
  • Encuentra tiempo para tu cuidado personal. Esto es lo que más me ha costado a mí, y todavía estoy trabajando en ello. Escribir en este blog es, para mí, parte del autocuidado, ya que disfruto muchísimo escribiendo. Espero a que se duerma porteado, me siento en el ordenador y me pongo a teclear. Cuando está con su padre u otro familiar y puedo ocuparme de las tareas de la casa más tarde, intento leer, ver una serie o jugar a Los Sims.
  • Haz actividades lentas con tu bebé o tu niño. A veces nos olvidamos de que ellos exploran el mundo a su propio ritmo, y que necesitan detenerse o repetir actividades. Darles tiempo, compartirlo con ellos desde el acompañamiento y sin intentar acelerarlos, motivarlos para pasar a otra tarea o distraerles describiéndoles lo que hacen y ven (que es algo muy habitual pero les desconcentra de sus propios procesos) te ayudará a frenar un poco y vivir el momento. Simplemente observándole. A mí me funciona.
  • Controlar el tiempo de pantallas que reciben los niños. Muchas series y programas los desconcentran a la vez que los agotan a base de estímulos, y si bien hay mucho contenido útil, educativo y con moraleja, otros programas están vacíos de contenido y solo buscan engancharlos. No te diré que le pongas o le quites a tu hijo las pantallas, creo que son una herramienta como cualquier otra y que no se puede aislar a los niños de la tecnología, pero sí que te aconsejo ser consciente de cuándo, cuánto y para qué les permites usarlas. Y si no son necesarias, buscar otra actividad diferentes.

Estos consejos parten de mi limitada experiencia como madre de un bebé de siete meses y de lo que observo en otras madres y padres a mi alrededor. Cada familia, persona adulta y niño es un mundo, y hay un equilibrio para cada uno, cosas que funcionan y cosas que no. El amor, el cariño, el cuidado y el apoyo son lo verdaderamente importante.