Cuando era pequeña, mi madre se quejaba, medio en broma medio en serio, de que mi hermana y yo no rompíamos los juguetes.

Sobre todo las muñecas Barbie: Nos gustaban tanto que siempre nos regalaban alguna en el cumple o en Navidades, pero las tratábamos tan bien y estaban tan bien hechas que no se echaban a perder, y las acumulábamos. Ahora que ha llegado el momento en el que escogemos y compramos los juguetes para nuestro bebé nos damos cuenta de lo importante que es apostar por juguetes duraderos, no solo en materiales y calidad, sino también en la experiencia de juego y aprendizaje que ofrecen.

Nuestro peque todavía tiene menos de un año, así que no ha caído en las garras del marketing y la publicidad dirigidas a un público infantil. Elegimos sus juguetes pensando en su edad y en su etapa de desarrollo, así como en lo que le interesa en cada momento. Cuando peor lo ha pasado con la dentición hemos elegido juguetes que sirvan para que pueda morderlos, cuando mostró interés por los objetos que rodaban le compramos una pelota, y cuando llegó el calo y descubrimos que le gustaba el agua nos hicimos con una piscina infantil. Pero, además de eso, estamos acostumbrados a comprar en negocios pequeños, en jugueterías en las que se les presta especial importancia a la calidad de los productos y a los materiales con los que se elaboran. Ocasionalmente también hemos comprado juguetes de marcas más conocidas, o los hemos recibido como regalo o como herencia de primitos o amiguitos.
Recientemente heredó un set de piezas geométricas de plástico, y empezó a golpearlas entre ellas y a observar los colores y las formas. Este interés le duró bastantes días, pero empezamos a notar que se aburría de esas piezas pero seguía queriendo golpear objetos rígidos entre ellos. A mí siempre me han gustado los juguetes, sobre todo las muñecas, y tenía ganas de comprarle algún set de Little People, una gama de muñecos para niños pequeños de la archiconocida marca Fisher Price.

Esta compañía, dedicada a los juguetes preescolares, lleva desde los años 30 ofreciendo productos que han acompañado a muchísimas generaciones, con diseños que se mantienen año tras año y década tras década. La gama Little People ofrece personajes, vehículos y animales de plástico rígido, que son fáciles de sostener para los más pequeños, y que les ayudan a conocer el mundo que les rodea. Pensando en ellos, adquirimos un pack con ocho animales de granja, pensando que también servirían para enseñarle el nombre y los sonidos que hacen esos animales, llegado el momento. A nuestro peque le encantaron (y le encantan), juega con ellos todos los días, a veces golpeándolos entre ellos o con otros objetos (la pared, los libros, los barrotes de la cuna…). ¡Se lo pasa pipa!

Con menos de dos días de juego, la pintura del perrito se empezó a desprender del hocico y las orejas.

Sin embargo, a los dos días de uso a uno de los animales se le empezó a desprender la pintura, y cuando los metimos en el agua para que se refrescara jugando con ellos descubrimos que están construidos uniendo dos piezas, y que por la junta entra el agua, con lo que hay peligro de que se acumule moho y bacterias en su interior. Es decir, que no sirven para jugar en el agua, y que la calidad deja mucho que desear. No voy a negar que me decepcionó un poco que una marca con tanta experiencia en el mundo de los juguetes ofreciera productos que no parecen pensados, realmente, para el juego real. Y entonces me di cuenta de que estamos acostumbrados a ofrecer a nuestro bebé juguetes de mayor calidad, de marcas menos conocidas pero diseñados con una perspectiva más realista sobre cómo juega y aprende un bebé.

Por ejemplo, este set de cubos de colores, de silicona, que compramos en una tienda pequeña en una feria. Están fabricados en silicona de grado alimentario, se pueden encajar haciendo una torre (o varias) o unos dentro de otros. Los más pequeños tienen el fondo cerrado, pero el resto tiene agujeros con formas diferentes que permiten que se cuele el agua como en una regadera o que hagas diseños en la arena. Nuestro bebé tiene estos cubos desde principios de mayo, y todavía no se ha cansado de ellos. Los dos más chiquitos son fáciles de sostener en sus manos, y le han ayudado a aliviar el dolor de las encías, ya que el material es el mismo que el de muchos mordedores. Cuando jugamos con él, los apilamos en forma de torre y se divierte tirándola abajo, y también nos los hemos llevado a la playa, a la piscina y a la calle. Los combina con otros juguetes, sobre todo jugando a esconder y a descubrir qué hay debajo de los cubos más grandes cuando escondemos otras cosas debajo. Y no me cabe duda de que cuando sea algo mayor y tenga la fuerza y la coordinación suficiente jugará a construir él mismo las torres o a sacarlos y encajarlos entre ellos.

Otro juguete que le apasiona es este peluche artesanal, de crochet, con forma de león. Se divierte muchísimo jugando con él en la cuna, lo mordisquea, lo agarra por las patitas y toquetea su cara. A veces pienso que comparten auténticas conversaciones en el idioma que sea que compartan los bebés con sus peluches. Se lo regalaron cuando tenía muy pocos meses, ha resistido ya varios lavados (a mano) y ahí sigue, haciéndole compañía.

Por alguna razón, durante décadas ha predominado la idea de que como los niños se entretienen con cualquier cosa, se les puede regalar cualquier cosa. Que comprar juguetes baratos y de mala calidad es suficiente porque “total, lo van a romper”.

A pesar de esa creencia, es el momento de apostar por los juguetes duraderos, tanto en calidad y materiales como en el tiempo que pueden servir al niño. Es verdad que en algún momento ya no le interesará, pero es preferible que eso tarde algunos años en ocurrir (sobre todo si haces una buena rotación de juguetes y no tiene todos disponibles todo el tiempo) a que sienta desencanto por ese objeto al día siguiente. Hay muchísimas opciones que crecen con ellos, y que incluso después del trote que les dan los más pequeños, siguen en buen estado y pueden ser aprovechados por los hermanitos y primos, o donados. Nosotros seguiremos apostando por la calidad antes que por la cantidad, y por los juguetes duraderos frente al plástico barato que satura los escaparates de muchas tiendas y bazares.