Utilizar e idealizar la parte más bonita de una época o de un estilo de vida y rechazar los valores desfasados que representa es posible.

«Vintage style, not vintage values», frase que he intentado traducir (con muy poco gancho por mi parte) en el título de este texto, es uno de los lemas de una buena parte de la comunidad vintage. Es decir, de aquellas personas que, ya sea desde el recreacionismo, el ocio, la moda o la estética en general encuentran su inspiración en épocas pasadas. Es una forma de decir «me visto como lo hacían nuestras abuelas, pero no comparto los valores de su época». Resume la compatibilidad entre admirar un aspecto idealizado o romantizado del pasado y el ser consciente de cómo era la vida y la realidad de ese momento de la Historia. Es un «no, gracias, no me gustaría viajar en el tiempo y vivir en esa época».

Este lema, como a tantas personas, me identifica totalmente. Mi estilo de vestir y la música que escucho y que bailo tienen sus raíces en la cultura adolescente americana de los años 50: el rock’n’roll y el rockabilly. Me fascina la decoración de estilo atómico, la estética de los greasers, las faldas con mucho vuelo y las voces de los crooners de entonces, pero ni por asomo querría haber nacido entonces.

Algo parecido pasa con la slow life, ¡no consiste en desconectar de toda la tecnología, renegar de los sistemas de producción actuales (aunque eso da para otro debate) y vivir como un amish! Se trata de escoger conscientemente aquellas herramientas, hábitos y elementos varios que nos sirven para vivir más lentamente, para dedicarle a cada actividad el tiempo justo. A veces esto significa cambiar horas de tele por horas de contacto con la naturaleza, otras veces significa redecorar un pequeño rincón de nuestro piso para hacerlo más cómodo para disfrutar de la lectura, y otras veces implica contar con ayuda externa (familia, ludotecas, etc) para poder tener tiempo para una misma sin tener que atender a los niños 24 horas al día. Para algunas personas, la comida casera con ingredientes de temporada es un elemento fundamental cuando aplican la filosofía slow, mientras que para otras puede ser el contar con una empresa de catering que te prepare el menú de toda la semana envasado al vacío y no tener que cocinar.

Hay cuestiones que para mi son imprescindibles, como el consumo consciente. Deconstruirnos en todo lo que el marketing nos lleva convenciendo desde hace décadas y observar nuestros hábitos de compra desde fuera, y con ello ser un poco más críticos respecto a si lo que consumimos y la forma en que lo hacemos es coherente con el estilo de vida que queremos llevar. También me parece fundamental establecer prioridades pero permitir que éstas cambien con el tiempo, según fluyen las circunstancias, para tener claro lo que queremos, hacia dónde nos dirigimos y enfocar nuestro esfuerzo en uno o varios objetivos concreto, sin dar «bandazos» para un lado y para otro, ¡eso es agotador!

Pero la base de todo creo que está en poner límites. En saber decir «hasta aquí», en no intentar abarcarlo todo ni satisfacer a todo el mundo. Saber que nuestro valor no radica en nuestra productividad ni en cómo contentamos a los demás, sino en cómo nos enfocamos en esas prioridades de las que te hablaba y cómo cada esfuerzo y cada actividad tiene el tiempo necesario que merece, ni más ni menos.

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