Lo confieso: Últimamente me resulta más difícil estar aquí y ahora.

Y no sé muy bien la razón, simplemente me dejo llevar por mi ruido mental y, cuando me doy cuenta, estoy pensando en lo que tengo que hacer para que salga bien lo que va a pasar en tres horas, y no en lo que está pasando ahora. Me sorprendo a mi misma haciendo un listado mental de lo que tengo que guardar en el bolso de la piscina a la que vamos a ir al día siguiente, por ejemplo, y planificando el orden más eficiente para hacerlo, mientras juego con mi hijo, en vez de concentrarme en compartir ese tiempo con él.

Ahora mismo, mientras escribo esto, una vocecilla en el fondo de mi cabeza me dice que en cuestión de minutos la lavadora terminará su ciclo de lavado y tendré que levantarme a tender la ropa. Y, mientras te lo cuento, pienso que si me hubiera programado la alarma del smartwatch para avisarme cuando acabara la lavadora, ahora ni siquiera estaría pensando en ello, porque confiaría y delegaría esa carga mental en la alarma.

Ya he empezado a tomar medidas para no convertir este «adelantar acontecimientos» en mi forma automática de funcionar. Lo primero, y lo más fundamental, es ser consciente de que estoy planificando con demasiada antelación, salvo que esté dedicando el tiempo conscientemente a esa actividad. No es lo mismo sentarse y concentrarse en planificar el menú de la semana que divagar preocupándote por los ingredientes que se caducarán primero mientras haces ejercicio.

En segundo lugar, saber de dónde viene ese miedo a que algo no salga como espero. En mi caso es una falsa sensación de control sobre el futuro y una insana preocupación porque todo salga perfecto, para así no tener que improvisar soluciones en el último momento.

Otra de las medidas que he tomado es dejar atrás el teléfono móvil si estoy compartiendo mi tiempo con otras personas y utilizarlo solo en cuestiones que no puedan esperar o para entretenerme en momentos de descanso más pasivo.

¿Qué otras medidas se te ocurren?