El slow parenting rompe con la visión de la familia como dos bloques contrapuestos, padres (adultos) frente a hijos (niños), y busca el bienestar de todos por igual.

Cada vez quedan más lejos los discursos tradicionales que normalizan el «sacrificarse por los hijos» a cualquier precio y el «los hijos deben respeto y obediencia absoluta a sus padres». Frente a estos modelos familiares en los que los padres ocupan un puesto muy específico (por ejemplo, el de madre sacrificada que abandona su salud física y mental para entregarse totalmente a la familia, o el de padre autoritario que se presenta casi como un muro frente a los hijos) y los más jóvenes de la casa deben buscar su espacio en el hueco que se les deja («tienes que obedecer y estar agradecido a tu padre, que trabaja todo el día para que puedas estudiar», o «tienes que hacerme caso porque lo digo yo»), cada vez hay más personas interesadas en buscar un equilibrio en el que, si bien los límites y las figuras de autoridad están claras, se busca el bienestar de toda la familia y se educa desde el respeto y la confianza.

El slow parenting, o «crianza lenta», se basa en la idea de que los niños necesitan tiempo y espacio para crecer y desarrollarse a su propio ritmo. Entre sus principios se incluye:

  • Respetar el ritmo natural de los niños. Los niños aprenden y se desarrollan a su propia velocidad, y no tiene que ser la misma que otros niños de su edad. Es importante respetar sus necesidades y no forzarlos a comprender o a hacer cosas que no están listos para hacer.
  • Evitar la sobrecarga de actividades y tareas. Los niños necesitan tiempo para jugar, explorar y relajarse, ¡ése es su trabajo! Es importante no sobrecargarlos con demasiadas actividades extraescolares o deberes, ya que esto coarta su creatividad, les agota y, además, ¡no les permite aprender a aburrirse y a gestionar la frustración!
  • Crear un ambiente relajado y tranquilo. Los niños necesitan sentirse seguros y amados. Que el hogar y la familia sean un lugar seguro en el que pueden mostrar sus emociones, expresarse y descansar es fundamental para su desarrollo, pero también para sentar las bases de una relación de confianza en la adolescencia.
  • Promover la autonomía y la independencia. Los niños necesitan aprender a valerse por sí mismos. Como decía María Montessori, «Nunca ayudes a un niño mientras está realizando una tarea en la que siente que puede tener éxito».
  • Conectar con la naturaleza. Los niños necesitan pasar tiempo al aire libre y aprender sobre el entorno que les rodea. Una excursión, un día de playa, tener libros sobre animales o plantas, explorar las flores del parque estimula su desarrollo.

El slow parenting puede ayudar a los niños a desarrollar su autoestima, su confianza y sus habilidades sociales, así como mejorar su capacidad de resolver problemas por sí mismos (como decía, ¡es fundamental aprender a aburrirse para fomentar la creatividad, y ésta a veces surge de buscar problemas y luego solucionarlos!) y fomentar su compromiso y comprensión del medio ambiente. No es una fórmula mágica, pero puede ayudar a los padres a criar niños felices y saludables.

¿Conocías este concepto?