El año 2023 ha sido muy difícil. No puedo decir que haya sido el año más complicado de mi vida, porque en el pasado me he encontrado otras dificultades que he tenido que afrontar y navegar sola…

…y por suerte hace tiempo ya que sé tengo todo el apoyo de mi familia y de mis amigos, pero desde luego que ha sido difícil. Si no en intensidad, al menos sí que ha sido uno de los años con más baches y problemas inesperados de los que me he encontrado.

Después de que naciera nuestro niño rocé la depresión posparto con unos niveles de ansiedad que no había experimentado desde hacía mucho (por suerte, también con unas herramientas y unos conocimientos que antaño no tenía), para encontrarme varios meses con problemas de salud de otra índole: acoso laboral, que un abogado me estafara 400€ en mi proceso de navegar mejor por esta situación profesional, y finalmente tener que tomar la decisión de abandonar la empresa para la que llevaba tres años trabajando y enfrentarme a la nada. Al lienzo en blanco. Y entonces, empezar a darle forma a Nenene, con todas las satisfacciones pero también todas las situaciones estresantes que supone el montar una empresa con los ahorros que tienes.

Me gustaría contarte las cosas que he aprendido en el 2023, pero no es una conversación agradable. No son aprendizajes que haya podido aplicar a posteriori, son errores y situaciones vitales que me han llevado a vivir cosas que no imaginaba que viviría y a alejarme de personas que prefirieron venderse a una corporación o a su propia firma personal antes que mostrar un mínimo de humanidad. No en vano, simplemente tratar de pensar qué he aprendido este año me pone triste. Por eso he decidido darle la vuelta a la tortilla y pensar qué quiero mejorar en este 2024:

Confiar más en mi instinto: Y lo digo tal cual. No entendiendo instinto como lo que creo que puede pasar, que está impregnado de mis experiencias anteriores o de mis expectativas, sino de la sensación real y subjetiva que me aportan las personas y los lugares en cada momento. Si busco validación externa para convencerme de algo, ahí no es.

Respirar hondo antes de reaccionar cuando siento que algo muy personal o en lo que he invertido mucho esfuerzo está siendo cuestionado: Es algo que no me gusta de mí misma y que me he encontrado en el proceso de convertir Nenene en una tienda puramente online a un negocio abierto al público en un local comercial. Cada pequeño bache en el camino se me hacía una montaña de ansiedad y de sentimientos complicados hacia quien o que lo generaba.

– A marcar mejor los límites hacia mi hijo: Sobre todo cuando una persona desconocida le acaricia el pelo. Me pone de los nervios saber que de estar frente a un adulto no lo harían, y sin embargo mi rechazo al conflicto me deja congelada en ese momento y sintiéndome fatal después.

– Volver a la fotografía como forma de expresión personal: ¡Y eso incluye sacarme más selfies! Después del embarazo mi propia imagen ha quedado tocada y me cuesta verme bien, a pesar de que sigo vistiendo igual y de que he regresado a la talla de siempre. Y es que gustarse a una misma no es algo que tenga que ver con el tamaño, el aspecto del pelo o las ojeras, va más allá, y siento que he perdido esa chispa que me hacía gustarme más… y que me gustara lo que me rodeaba. Me resulta difícil encontrar objetos o elementos fotografiables en el día a día, y eso no es propio de mí.

Escuchar mejor las señales de mi cuerpo y de mi mente: La salud me ha jugado un mal trago en los últimos meses a causa del estrés, de las reacciones a determinados medicamentos y por la falta de descanso. Intentar forzarme a aguantar en vez de buscar la forma de recuperarme no ha mejorado la situación, ¿quién lo hubiera dicho?