Es verdad eso que dicen: La sociedad espera que tengas hijos y sigas con tu vida como si no los tuvieras…

…pero no somos conscientes de lo imposible que es mantener la cordura, criar con respeto y a la vez mantener nuestra vida más allá de la maternidad o paternidad como si nada hubiera cambiado, entraremos en un bucle que no le recomendaría a nadie. Es imposible estar presente en la vida de tus peques a la vez que trabajas como si no tuvieras niños o niñas en casa esperándote y dependiendo de ti y mantienes tu vida social y tus hábitos de alimentación y deporte saludables. No. Se. Puede.

Intentarlo, o dejarse llevar por el ritmo acelerado del día a día, te aleja del ritmo natural de los niños. Ellos se detienen en el parque a mirar la forma de una hoja o a coleccionar palitos, mientras tú vas apurada porque no llegas a tiempo al médico o porque parece que en cualquier momento va a llover. Por eso hoy quiero escribir este post, para contarte cómo, desde mi experiencia, se vive la maternidad lentamente. Si te interesa el tema no te pierdas mi post anterior, ya que tiene cierta relación y hablo un poco sobre cómo bajarnos de la «adultez» para lograr una convivencia más tranquila con las criaturas.

Vivir la maternidad lentamente no implica hacer menos cosas, ¡ojalá! Es más bien una cuestión de priorizar y de tomarse el tempo giusto para cada actividad. Y saber fluir. Acordarte de que estás criando personas, no casas, así que no pasa nada si te vas a dormir sin fregar los platos o si un día se pide comida a domicilio. Y que tampoco pasa nada si un sábado los niños comen a las dos en vez de a la una o a las doce y media. O si tienes que dejar el Excel en el que estabas trabajando a un lado y leer cuentos sentada en el suelo. O decir que no a los planes que no te apetecen porque prefieres estar con tu familia, ¡o descansar!.

Una de las claves para mí es entender que los niños necesitan conectar con sus cuidadores. El apego seguro es fundamental para su autoestima, su seguridad en sí mismos y su desarrollo. A veces las rabietas y las llamadas de atención (esos «¡mamá, mamá!» que siempre vienen cuando más prisa tenemos) no son más que la necesidad de los peques de conectar con nosotros. De sentir que estamos ahí con ellos. Ponernos a su altura, escucharles y compartir un ratito de calidad. Cuando reciben tu atención plena, el mensaje que registran es que estás ahí cuando lo necesitaron, y que vas a seguir estándolo.

Pequeños pasos

Igual que las niñas y niños, cuando empiezan a caminar, dan pasos pequeños y vacilantes, también lo hacemos nosotras en nuestra maternidad. Nadie nace aprendido, ni existe un manual infalible sobre la crianza, así que lo hacemos a base de detectar nuestros fallos, observar a nuestras criaturas, creciendo como personas permitiéndonos la honestidad y el error. Te voy a contar qué me funciona a mí, en el día a día, para no perder del todo mi objetivo de vivir la maternidad desde la lentitud, aunque haya momentos en los que es más fácil que en otros:

  • Que la rutina sea una sugerencia y no un guion inamovible: Dejar que los planes (ya sean en ocasiones especiales o en las rutinas más cotidianas) fluyan según el cansancio que tengamos encima, según el estado de ánimo de mi hijo y sus tiempos (no puedo pretender que se despierte a la misma hora todos los días, por ejemplo) me evita muchísima frustración. Esta mañana, sin ir más lejos, el Peque no quería desayunar, solo quería jugar con sus Duplo, así que le abrí un yogur de sobre (que se toma succionando, sin necesitar cuchara) y le puse algo de pan integral en un plato a su lado. Poco a poco, mientras jugaba, se acordaba de la comida, y fue desayunando. Aunque fuera yogur y pan. Y yo, mientras, lo vigilaba y me preparaba para salir a la calle.
  • Observar a los niños: No forzarles a estar despiertos más allá de su hora de la siesta, estar atento a posibles signos de disconfort o de estrés o cancelar planes si el día anterior durmieron mal te ayudará a evitar rabietas y prisas al final del día. Cuanto más contentos y cómodos estén los niños, mejor vas a poder navegar por el día con ellos.
  • Deja que se sientan útiles: A los niños les encanta sentir que participan en las tareas del hogar, aunque sea pasándote las galletas de la bolsa de la compra para que las guardes en la despensa o pasando un trapo por los muebles. Este tipo de actividades les hacen sentir que pertenecen a la familia, les ayuda a sentirse útiles y a reconocer el esfuerzo que los adultos realizamos en el día a día. Si les dejas ayudarte con las tareas de la casa será más probable que sientan que la conexión que tienen contigo está bien establecida y te dejen dedicarte a otra actividad después.

  • Pasar tiempo en el exterior: Nuestra casa está llena de estímulos, pero ¿sabes qué? La calle, la playa y el monte tienen muchísimos más. Salir al exterior, cambiar la ruta de los paseos, llevarles a sitios nuevos, ¡o a sus favoritos! les estimula sin agotarlos. Y a los mayores nos viene bien no estar en casa viendo la cama sin hacer o la ropa sin recoger del tendedero.
  • No te compliques con el menú: Los niños no van a reclamarte los platos más elaborados, las salsas más sabrosas y los ingredientes más originales. Con que coman de forma saludable y tengan todos los nutrientes necesarios para desarrollarse estarán bien.
  • Que las pantallas sean el último recurso: Atención, no te digo que no uses pantallas. Sé que nada es blanco o negro, pero que éstas sean el último recurso como entretenimiento para los peques es mejor que ofrecerlas de entrada, ya que les sobreestimulan y proporcionan una diversión pasiva que puede traducirse en frustración al utilizar juguetes que requieran algo más de concentración.
  • Fomenta el juego independiente: Los niños y niñas no necesitan estar jugando con nosotros constantemente. Busca juegos y actividades que tu pequeño pueda disfrutar a solas, mientras lo supervisas, para que puedas descansar o dedicarte a otras actividades.

¿Cómo lo ves?